La postmodernidad jurídica

 La postmodernidad jurídica

 

 

 

1.- La genealogía de la postmodernidad. antecedente normativo

 

Si intentamos ser así de drásticos, y nos proponemos dar una fecha, estaríamos, además de contradiciendo la naturaleza postmoderna,  dando sólo una aproximación histórica y referencial. Dada la advertencia, podemos anotar que algunos autores como Andrés Aziani Samek-Lodovici argumentan que la postmodernidad se iba gestando ya desde aquel período entre el fin de la primera guerra y el comienzo de la segunda,  donde los signos y síntomas de una gran enfermedad social se acercaba y amenazaba incrustarse en la vida occidental: la crisis de la modernidad. Parece que fue un pequeño grupo de intelectuales, perceptores de estos signos quienes comenzaron a dar las alarmas del proceso inminente que se avecinaba, a través de obras que analizaban, discutían, cuestionaban, las causas, síntomas y remedios de “unas enfermedades que parecían destinadas a fundirse como por contagio inevitable y fatal”. Lo que pretendieron estos autores fue poner en tela de juicio a la razón y a aquella época de la historia que la había usado como paradigma y fundamento principal, proclamándose incluso “la edad de la razón”,  nos referimos a la edad moderna. La enfermedad había sido diagnosticada; lo que estaba sucediendo era la “crisis de la modernidad”. Estos autores que abrieron la discusión y pusieron de manifiesto la enfermedad de la modernidad, al decir de Aziani Samek-Lodovici  son: O. Spengler (1918) con “La Decadencia de occidente”, José Ortega y Gasset (1930) con “La rebelión de las masas”, J. Huizinga, 1935 con “En las sombras de mañana”, Max Horkheimer (1944-1946) “El eclipse de la razón”, Romano Guardini, 1950, con “El fin de la época”, Henry De Lubac, 1944, con “Le drame de l’humanisme athee”, y Jacques Maritain con “Antimoderno”[1].

 

Sin embargo, existe otra posición del origen de la postmodernidad, por la cual se atribuye especialmente a la escuela de Franckfurt[2], como la fundadora de la postmodernidad: “la verdadera postmodernidad fue quizás eso que se llama “Escuela de Frankfurt”, primera corriente que constató las decepciones de la Modernidad, muchos antes de que fueran moneda de uso común; y que se preguntó preocupada por sus causas, pero desde dentro de los afanes mismos de la Modernidad, y sin renunciar a ella.”[3].

 

Según esta hipótesis fue a partir del trabajo y preocupación “crítica”, de haber hecho que ésta última palabra fuera la más importante en el desarrollo de los objetivos de la escuela de Frankfurt que entra en vigencia importante el sentido crítico del mundo, especialmente del mundo literario, pero qué dio inicio a una posición que puso en el plato de la sospecha al conocimiento de la modernidad y su mesianismo racional; parece ser que es por esto que se expone a esta Escuela como la que da inicio al pensamiento postmoderno. Así haciendo un esfuerzo de precisión, se sabe, según datos históricos, que “En 1923, la Universidad de Frankfurt fundó el Instituto para la Investigación Social, que más adelante fue conocido como la Escuela de Frankfurt, con la orientación de crear una "teoría crítica" del marxismo. El enfoque crítico contrastó con el positivismo pues intentaba explicar los fenómenos políticos y sociales empleando la misma estrategia objetiva, libre de valores, de ciencias como la crítica.”[4]

 

Por otro lado, existe otra teoría que hace de la caída del muro de Berlín[5] el punto de inicio del pensamiento postmoderno, y según la cual fue  este hecho la que marcó, por su carácter político, social y cultural, el momento en que empezó la postmodernidad: “El derrumbe del llamado materialismo científico, con la emblemática caída del muro de Berlín. Concretamente este hecho se admite por muchos como el inicio de la post modernidad. Se señala así que han perdido su vigencia los principios orientadores más típicos de la era moderna.”[6]

 

Sólo que todos estos momentos son sólo datos referenciales, históricos y hasta teóricos. Por eso a nuestro entender la postmodernidad empezó con la sospecha de que los fundamentos de la modernidad ya no funcionaban, de que el “mañana sería mejor” que proponía la modernidad, con el uso de la razón, no llegaría nunca, porque el mañana no existe, sólo en abstracción, lo que existe es el hoy, y el hoy es inaprensible, complejo y totalmente dinámico. Así la postmodernidad se inicia cuando se pierde esa confianza en las virtudes modernas, y los fundamentos de la modernidad van siendo desprestigiados y desvirtuados por la realidad. La postmodernidad se inicia como un despertar de ese sueño racional, con símbolos cuadrados y geométricos que no han logrado el progreso prometido. Y el inicio se visualiza con “la sospecha” y se constituye sólidamente en “el desencanto”. Desencanto crítico, que pretende mirar el mundo social y jurídico con elementos y fudamentos distintos, nuevos, acordes con las circunstancias históricas, teóricas, humanas jurídicas, actuales.

 

2.- El desencanto postmoderno. crítica a la modernidad

 

“El Desencanto” es la palabra que mejor describe la sustancia de la postmodernidad, eso no quiere decir que la define, porque,  a nuestro parecer, la postmodernidad tiene aversión a las definiciones que encierran al mundo dentro de palabras. La postmodernidad tiene tirria a las grandes metanarrativas con estigma dogmático o afirmación de eternidad.

La postmodernidad está cargado de un tono y estado de ánimo sombrío y pesimista con respecto a la modernidad como agente de liberación de las cadenas de la ignorancia, y la dominación. No cree en la posibilidades de progreso que la modernidad había planteado.

 

Este desencanto de la postmodernidad pretende hacernos volver el rostro hacia la realidad, en un cruel, pero necesario darnos cuenta de lo que en realidad está pasando, y escapar a los sortilegios y ficciones que la razón –con inspiraciones dogmáticas de verdad- nos había incrustado en la mente. Ya no puede haber más disfraces abstractos, ni argumentos matemáticamente concebidos, que oscurezcan la realidad social y jurídica. Ya el mundo nos ha golpeado y nos ha dicho que volvamos a el, a esa realidad que se muestra tal como es: cruel y salvaje, donde el hombre, al fin de cuentas, sigue trabajando sobre la consecución de sus intereses, legitimados o no por el Derecho. Nada de universalismos retroactivos de la libertad humana. Es éste un síntoma de escepticismo, una socarrona mirada a la teoría racional como máxima autoridad cognoscitiva, un gran e irritado desencanto, que actúa como una bofetada en la cara. Es por eso que podemos decir que “El postmodernismo es, en realidad, ante todo un desencanto exasperado frente a la modernidad, frente al carácter universalizante del pensamiento moderno. Es, de un lado, una irritación por la desaparición de las particularidades dentro de una universalidad racional que parece engullir toda identidad disconforme. Es también un escepticismo frente a todo aquello que presuma de valor universal; es decir, frente a todo aquello que constituya una metanarrativa, para utilizar una expresión que utilizan los postmodernos como herencia del origen de crítica literaria de esta posición. Es, finalmente, una desilusión y una desconfianza frente a la razón misma, en tanto que instrumento de homogeneización y de universalización.”[7]

 

Para entender lo que es la postmodernidad, hemos de sufrir, hemos de sentir dolor, o al menos decepción; y es que la postmodernidad antes que una filosofía o un sistema racional, es una experiencia y un estado de ánimo.[8] No obstante, no aceptamos ese postmodernismo desencantado, que en el fondo niega toda posibilidad de creación y de verdadera ruptura cuando se limita a aceptar todo lo que hay sin emitir un juicio, sin pretender sistematizar y articular: valores, culturas, gustos estéticos, todos pueden coexistir sin orden ni concierto.[9] Sino precisamente el postmodernismo es ese intento de armonización del valor, hecho y norma, tiempo, espacio y contexto.

 

Hay en el pensamiento postmoderno algo mucho más allá de una mera desilusión frente a la razón, un trajeteo y empeño de organización no totalitaria, no lineal ni mecánica.[10] Hay en la postmodernidad una actitud de creación del ordenamiento jurídico, no sólo desde la razón, sino desde la vitalidad, o desde el derecho vital vívido.

 

3.-¿Qué es Postmodernidad?, (cuestionamiento histórico y caracterización conceptual)

 

Bordeado el tema desde el adjetivo del desencanto, la postmodernidad tiene un singular problema en el enfoque de su concepción: su doble rostro, su inaprensible condición de ser. Aparece más bien como un estado de ánimo crepuscular, como expectativa frente a un tema: la crisis de la modernidad (que engloba necesariamente el aspecto jurídico). Este es la referencia desde donde moviliza sus tentáculos y especulaciones teóricas. Ese es su radio de acción que más o menos delinea su razón de ser: su doble rostro, como negación absoluta de los fundamentos de la modernidad, o como consecuencia última de la modernidad, pero desde otros fundamentos.

 

No olvidemos que el postmodernismo también puede conllevar dos elementos importantes, como son la de ser una “caracterización conceptual”, y,  un “cuestionamiento histórico”.

 

Bien, a mediados del siglo pasado, se inició en el mundo un gran debate, un debate que extraía una preocupación social: la crisis de la sociedad, o mejor dicho: la crisis de la modernidad. El debate trataba sobre el mundo de las ideas, de los saberes, la filosofía, las ciencias, las artes, la economía, la política, las relaciones sociales, etc., es decir sobre todos los temas de la sociedad, lo que representaba la principal crítica de toda una época histórica en la que se había basado la sociedad, crítica de todos los mecanismos y dioses modernos con los que se pretendía llegar al progreso. Había llegado la hora del planteamiento de la Postmodernidad.

 

Hubo en este hecho un fenómeno dual, una visión bidimensional del asunto tratado. Por un lado, como lo mencionamos ya anteriormente, estaban los autores de la postmodernidad que postulaban la modernidad como en descomposición, cosa que para ellos era ya inevitable, frente al aire corrosivo de la realidad. En este radio de pensamiento cabría mencionar a pensadores como Nietzsche, Heidegger, Gehlen, Gadamer, Giddens, Foucault, Derrida, Foster, Jamenson, Lyotard, Vattimo, y otros. El planteamiento central de estos autores es que la crisis de la modernidad ha traído el fin de la historia y de los metarrelatos, los mismos que en el postmodernismo son reemplazados por diversas historias y relatos. Significa el fin de las grandes ideologías, de la verdad universal, de la ciencia o -precisando- del cientificismo, de Dios -como modelo jerárquico del orden y del poder-, del hombre en la menor edad, de la cultura monolítica, y del sentido unidimensional. La postmodernidad sustituye a la cultura por multicultura, a la universalidad y el monosentido por la pluralidad y el multisentido en todos los campos de la vida del hombre.[11]

 

Hay otra posición contraria a la mencionada pero uniforme en el diagnóstico (la crisis de la modernidad), que cree aún, nostálgicamente en la modernidad como un proyecto no acabado, con deficiencias, pero con posibilidad de corrección de estos defectos, por lo tanto, plantean apoyar aún a la modernidad, y exponer sus metas hasta sus máximas consecuencias. Debe darse por lo tanto una nueva dirección a la modernidad. Habermas apoya esta posición. Habermas, miembro de la Escuela de Frankfurt, cree que “la modernidad representa una exaltación del presente, una aceleración en la historia y una discontinuidad en la vida cotidiana”. Habermas cree en el proyecto de la modernidad (de la Ilustración) que tuvo como objetivo desarrollar la ciencia objetiva, una moralidad y leyes universales, y aprovecharlas para la racionalización del hombre y para el bienestar de la humanidad toda. “El proyecto de la modernidad, entonces, fue el de aprovechar el desarrollar las esferas de la ciencia, de la moralidad y del arte en beneficio de la humanidad. Le interesaba fundamentalmente el progreso constante del conocimiento y de la tecnología, a partir de las cuales se presentaría el progreso económico y el bienestar social y moral de la humanidad.”[12] Pero Habermas concluye en que este proyecto de modernidad no se ha cumplido, que no logró ser totalmente racional y que ni el progreso económico llegó a la humanidad en su totalidad, así es que Habermas sostiene que  al no haberse cumplido el proyecto de la modernidad, esta no se puede abandonar, sino replantear, utilizar nuevos métodos para llegar al destino y presagio del proyecto de la modernidad. Por su parte Touraine está preocupado en demostrar cómo el modernismo ha separado el sistema de sus propios actores. Así es como surge la postmodenidad como nueva alternativa, -prefigurada por la propia realidad, y por el fracaso de la modernidad de cumplir con su proyecto- como crítica a la racionalidad y el progreso modernista.

*   *

Por un lado –como explicábamos- la postmodernidad se muestra como la negación de la modernidad, como el final de la historia moderna; por otro lado como la nostálgica crítica de la modernidad, pero desde dentro de la misma, como continuación y no como fin. Pero en sus dos versiones tiene rasgos comunes y singulares: su sentido crítico de la razón ilustrada, de la universalización, del objetivismo, de los grandes metarrelatos, etc., es decir, de los fundamentos de la modernidad. Se trata de una rebelión contra todo dogma, contra toda verdad objetiva, contra todo sistema cerrado; tiene cierto escepticismo que lo hace dudar de cualquier verdad establecida, pero sin embargo no condena todo, no deja de lado todo, aunque vuelve a someter todo a cuestionamiento. Pretende más bien involucrar aquello olvidado por la razón moderna, en la estructura social, colocar los textos dentro de sus contextos, etc, podríamos decir, en otras palabras que “En el postmodernismo hay una rebelión contra una razón demasiado rígida y totalizante, que todo lo simplifica y que construye sistemas cerrados que todo lo explican. Pero al mismo tiempo, el pensamiento postmoderno no es un mero atomismo, no es una vuelta a un mundo premoderno de la particularidad. Hay también una gran preocupación por el todo, una necesidad intelectual de colocar los textos dentro de sus contextos, una afán de comprender la totalidad no como una suma de elementos simples al estilo de la ciencia moderna sino en tanto que totalidad irreductible.  (...) esfuerzo de comprensión de lo general sin convertirlo en un conjunto de particularidades pero, al mismo tiempo, sin perder la diversidad,...”[13] En ese sentido, quiere conjugar todo lo existente, sin dejarse engañar por espejismos racionales, o mecanismos excluyentes de alguna parte de la realidad social. Como un intento de hacer reencontrar al hombre con todos los elementos cognoscitivos del que dispone. Es además una búsqueda de un orden diferente al racional -es decir a la manera de una fórmula matemática y rígida-, un orden social no lineal, móvil, elástico, que no sacrifique la diversidad en aras de cierta racionalidad, sino con una razón que no necesite esquematizar para ser válida, sino que respete lo complejo y lo diverso, y que trata de incorporar, en esa complejidad, en un orden abierto, las posibilidades del azar, de la libertad y de la complejidad sin que ello constituya un desorden,[14] o una contradicción a los fines del Derecho.

 

La postmodernidad de la que estamos hablando, no es aquella posición extrema, a manera de anarquismo intelectual que condena todo sistema, reivindica indiscriminadamente los particularismos, dignifica a priori lo irracional y se refugia muchas veces en un relativismo.[15] No, no es este tipo. Porque lo que pretende, es exactamente no caer en verdades absolutas, en discriminaciones diversas e irracionales, en fundamentalismos meramente contradictorios, etc. No pretende confundir, sino solucionar, aclarar, despejar los oscuros nubarrones que se habían formado con el nuevo tipo de conspiraciones religiosas como la razón y su soberanía fundada en la afirmación de la verdad. Es más bien un postmodernismo que hace crítica severa de los defectos y deficiencias de las verdades de la modernidad, pero que a la vez aspira a reconstruir un nuevo orden social usando los mejores materiales del pasado, descartando  aquello desconectado con la tonalidad jurídica actualmente importante y requerido por las exigencias sociales.

 

No puede negarse, tampoco, la capacidad de la postmodernidad de reconocer el riesgo y no temerle, de adherir al factor azar dentro de su sistema de operaciones, de actualizarse, en esta época donde la mayor innovación y revolución ha sido la del cerebro; es decir aquella peculiaridad de este tiempo de hacer que el cerebro, por medio de la computadora y la informática, se potencialice. Esta sería la más grande revolución mental que el hombre pudiera haber logrado, es la más grande afirmación de su personalidad e importancia como individuo, persona[16] y también la afirmación de la inmensa capacidad del hombre de construir nuevos fenómenos y relaciones jurídicas.

 

Vale aclarar, en este momento, una disonancia, una percepción sobre la esencia de la postmodernidad. Su gramática parece querer insinuarnos que estamos frente a un fenómeno de orden temporal, es decir histórica, en base a la superación de las bases conceptuales y sociales de la modernidad. Sólo que no se trata -al menos no es la forma como estamos tratando el tema- de una etapa histórica, sino de un sentir y de una actitud mental y física para reaccionar con las novedades y planteamientos nuevos de la realidad. Se puede decir que el: “...’posmodernismo’, palabra que abarca tanto un movimiento intelectual como un clima, tanto una forma de cambiar el mundo como de comprenderlo. Uno de sus campeones, Charles Jencks, lo describe como ‘una visión del mundo’ que, a diferencia de sus predecesoras, es capaz de explicar los fenómenos dominantes de nuestro momento: la temporada, los medios, la aldea global, las catástrofes, el caos, la hiperrealidad y el ciberespacio. La realidad artificial es la condición postmoderna auténtica y la realidad virtual, su expresión tecnológica definitiva.”[17]

 

Ha habido, por otro lado, muchos intentos de definir lo que es la postmodernidad. Ya en 1985 Jean-Francois Lyotard dio una conferencia en el Instituto of Contemporary Arts en Londres. Intelectual francés, usó recuentos teóricos complejos, elegantes y avasalladores, sobre temas políticos, culturales e históricos claves, con las cuales intentó graficar una idea sobre la postmoderniad. Había escrito una obra denominada “La condición Postmoderna”. Lo resaltante y más importante es que este autor no define en forma directa el posmodernismo, sino que delinea los argumentos que ayudan a definirlo; nadie se atreve a enfrentar el posmodernismo sin el escudo reflexionante del argumento y el análisis.[18]

 

Hay en la reflexión de Lyotard unas observaciones centrales. En primer lugar, se delinea que el post del postmodernismo no significa, de ninguna manera, un proceso de retroceso, un saltar hacia atrás, sino más bien es un fenómeno crítico, un analizar, un reflexionar. El otro aspecto que remarca Lyotard es el respecto al enunciado progreso, la postmodernidad sugeriría la desconfianza de esta idea de progreso que viene con la modernidad, porque el desarrollo de las tecnologías han provocado más que la solución de la enfermedad, el agravamiento. Hay, además, una ruptura con las verdades modernas, con las verdades universales, este último fenómeno, que niega la sustancia de la modernidad, paradójicamente, también parece reafirmar la condición de la modernidad: el iniciar siempre algo nuevo, el regresar el reloj a cero. Y es que la modernidad está ligada a la idea de romper con la tradición para obtener una nueva forma de pensar y de vivir. “Sin embargo, esta vez las cosas son diferentes porque “podemos presumir que esta ‘ruptura’ es [...] una forma de olvidar o reprimir el pasado. Es decir, repetirlo, no superarlo”. Entonces el posmodenismo representa un rompimiento con el “modernismo”.“[19]

 

En el discurso de Lyotard se trasluce una idea crucial para comprender lo que es la Postmodernidad; que la creación y el mundo de la postmodernidad “no están gobernados por reglas ya establecidas, y no pueden ser juzgados por medio de un juicio determinante”, es más  en esta nueva visión del mundo se trabaja sin reglas absolutas y para establecer las reglas de aquello que sucedió. El motivo de esto es la existencia de las propiedades del acontecimiento, es decir las reglas llegan demasiado tarde para el autor o el que está viviendo

 

En fin, habría que hacernos una pregunta sintética: ¿qué es la postmodernidad?, ¿Una actitud o una ideología, una filosofía, un estilo o una condición ineludible?, ¿una despedida de la modernidad, indicado en el post de postmoderno? Parece que más bien, como lo señalamos líneas arriba, la postmodernidad tiene doble rostro. Pero filosóficamente hablando la postmodernidad es la denuncia y la crítica de la razón ilustrada. Y ¿qué papel cumpliríamos nosotros que en cierto sentido somos aún premodernos? Parece más bien que, frente a la diversidad humana, la postmodernidad nos puede ayudar a rescatar ciertas formas de comprensión del mundo, y a hacer crítica de la modernidad (de los valores y fundamentos jurídicos de la modernidad) desde la dimensión de los problemas presentes en nuestra realidad. Esto significa que hemos de embarcarnos en algo nuevo y crítico. Esto implica un cambio en la estructura mental con que asimilamos, desarrollamos y efectivizamos el Derecho.

 

a.- Postmodernidad como negación de la Modernidad o Antimodernidad. Concepción de ruptura estructural

 

La postmodernidad ha sido presentada desde dos ópticas, el doble rostro. Una de estas ópticas es la que fundamenta que la postmodernidad surge como una crítica directa a la modernidad, como antimodernidad, y el fin último sería, en consecuencia la negación total de la modernidad y sus fundamentos. En materia jurídica se puede decir que “El cuestionamiento se dirige al centro mismo del asunto: son los contenidos de la modernidad en sí los que están siendo objetados o modificados, y no simplemente una forma u otra de legislar.”[20] Por eso lo que se objeta tiene que ver más con las consecuencias del actuar  humano, que con la naturaleza, a la que se ha abandonado como eje normativo. Los nuevos desafíos enfrentados tienen que ver con el actuar humano, con sus relaciones sociales directas, no con ningún orden divino.  Son las conductas jurídicas lo que está en contradicho, por evidenciar cierta composición mental, al parecer premoderna.

 

La Postmodernidad reacciona duramente contra la modernidad, por eso es antimodernidad, a pesar de no estar exenta de una marcada influencia moderna, esta reacción airada es debido a las razones prometeicas que había esgrimido la modernidad para imponerse en el nuevo mundo, ufanándose que con el solo uso de la razón iba a llegar al progreso, es por esto que la postmodernidad gruñe y reniega de la modernidad al constatar que esto no es posible, que la razón no va a solucionar todo, y que más bien se ha convertido en algo que obstaculiza la libertad del hombre y su capacidad creativa. El hombre de la postmodernidad siente que ha sido engañado por falsos conceptos modernos que habían prometido al hombre el cielo en la tierra. El orden social y jurídico establecido por cierta estructura jurídica no funciona.

 

b.- Postmodernidad como continuidad de la Modernidad. Reinvención de la Modernidad

 

Por esta posición se explica que la postmodernidad no es el fin de la modernidad, más bien sería una reinvención de la modernidad, la manera cómo se puede realizar la libertad en forma más plena. La postmodernidad no sería ya una cancelación de la modernidad, sino su secuencia, a fin de evitar que sus fundamentos logren realizarse y obstaculicen la conciliación con la realidad, esto debido a la percepción de la postmodernidad de que estamos dentro de un mundo con circunstancias cambiantes e impredictibles. Parece más bien que la postmodernidad ha de estar ligada al posliberalismo, como la modernidad estuvo ligada al liberalismo político y económico[21], pero cabe indicar que esta noción política no lo define totalmente.

 

Esta postmodernidad se anuncia como el impulso de los elementos esenciales de la modernidad, como son la exaltación del individuo como entidad más importante de la organización social, con esa extraordinaria capacidad para plantear y replantear la construcción del mundo, de su mundo, tantas veces como se lo permita su existencia, ayudado por una libertad creadora reivindicada en él. “Esta concepción lleva consigo, indudablemente, la tolerancia recíproca, la democracia política, la liberalización económica, que son todos valores de la modernidad. Pero, la posmodernidad impulsa esos valores hasta sus últimas consecuencias: mientras que la modernidad estableció un patrón racional objetivo al cual todos debían sujetarse si querían ser modernos, la posmodernidad acentúa la diversidad, la originalidad, la creatividad, tanto a nivel de los individuos como de los grupos sociales, étnicos, culturales. Las diferencias libremente adoptadas, no deben ser mal vistas: ser diferente es ser original; y, ser original es ser creativo, es realizar lo mejor de la propia humanidad.”[22] Lo que ha pasado es que la postmodernidad, ha procesado los datos que la realidad le ha suministrado y, frente a la diversidad de aspectos, ha decidido que el hombre se cree solo, sin imponerle un prototipo –como lo hacía la modernidad- dejando al curso de la creatividad humana unida a la libertad y a la razón el resultado de los nuevos procesos y experimentos diversos de vivir.

 

4.- Rasgos de la Postmodernidad

 

Hemos visto por conveniente hablar muy brevemente sobre los rasgos de la postmodernidad en general, puesto que de ello podemos descifrar en qué ámbito conceptual se plantea el orden jurídico dentro del contexto postmoderno.

 

a.- El sentido polisémico del Derecho y la extinción del monosentido en los aspectos aplicativos de la normatividad

 

La postmodernidad como término es polisémico, es decir, tiene la propiedad de poseer varias significaciones. Esto provocaría una abertura en su aprensión conceptural. La postmodernidad no podrá ser establecida de antemano, como un significado válido y universal, sino como una creación permanente, en constante transformación, que es uno de los más significativos rasgos de la postmodernidad y el móvil por donde se debe cursar, en primera instancia, cualquier tipo de investigación. El Derecho por eso está más cercano a este rasgo postmoderno que a la concepción unívoca anteriormente establecida por la modernidad y por la posición positivista. El Derecho Postmoderno, no puede, y no debe, en razón a la naturaleza misma de la vida, ser de un solo sentido, no puede ser sólo un “conjunto de normas emanadas de la autoridad del Estado”. El rasgo de la polisemia no significa que la concepción del Derecho se vaya a desestructurar, o desorganizar, sino más bien, va a permitir una confluencia temporal de los criterios de decisión, de acuerdo a las circunstancias, a los intereses y fines perseguidos por la totalidad de la sociedad. Lo que un Derecho postmoderno pretendería, es más bien darle al Derecho un tono de flexibilización, de apertura en la confección y aplicación del  orden jurídico que hagan a las prácticas y experiencias jurídicas más involucradas en su objetivo primario: la defensa de los intereses individuales. El Derecho en realidad nunca ha tenido un significado único. A pesar de las pretensiones de esquematización de los teóricos, nunca se ha logrado imponer una concepción para siempre, eterna. La concepción del Derecho sale de la neblina del tiempo y la variedad de sus significados sobrevivirá a cualquier intento de cárcel conceptual. El Derecho, o el significado del Derecho no puede nunca estar cautivo.

 

b.- El Fin de la Historia. Crisis del pensamiento político jurídico de la modernidad

 

Otro rasgo de la postmodernidad es hablar del fin de la historia. Esto se refiere a la modernidad y sus fundamentos. Como la modernidad significa el hoy, el ahora, y el ahora, este no puede ya pasarse, entonces el fin de la historia es ahora. Esta tesis es defendida por Francis Fukuyama pero que Jean Baudrillard descalabra diciendo que la ilusión del fin es la más grande de las ilusiones, puesto que "En el fondo, ni siquiera se puede hablar del fin de la historia, ya que no tendría tiempo de alcanzar su propio fin.

 

Puede también tratarse de aquella posición de los postmodernos de negar el proyecto de la modernidad, con lo que sugieren que debe construirse  un nuevo proyecto que vaya más allá de la modernidad, es decir, la postmodernidad. En forma más clara se puede decir que “...ha habido quienes, como Francis Fukuyama, han hablado -desde otra perspectiva, es verdad- de que nos encontráramos frente al “fin de la Historia” porque hemos llegado al apogeo del pensamiento político ya que no tiene evolución ni desarrollo posible.”[23]

 

Para Vattimo, la postmodernidad representa la novedad frente a lo moderno, pero además la disolución de la categoría de lo nuevo y en conclusión la disolución del proceso del progreso, que representaría el fin de la experiencia, el fin de la historia. El fin de la historia unitaria, de el proceso histórico unitario. De esta manera se da existencia y validez a diferentes historias y relatos que rescatarían el carácter local y particular de la realidad. Por eso el post de la postmodernidad indicaría una despedida de la modernidad, puesto que se quiere sustraer de la lógica del desarrollo y de la idea de la superación. A partir del fin de la historia estos dos conceptos, anteriormente aludidos no serán más convenientes para confeccionarnos un bosquejo sobre la realidad y su proyección.

 

En fin, esto determinaría una apertura a la diversidad del razonamiento en base a la “localidad”,  y su cosmovisión jurídica.

 

Cabe insertar una reflexión emitida por Alfredo Bullard, refiriéndose al Derecho y “el Código del Fin de la Historia”, que a la letra dice: “Puede adoptarse dos posiciones. La primera de ellas consistiría en hacer un ‘maquillaje’ del Código Civil, esto es, limitar los cambios a ajustar uno que otro artículo y a mover puntos y comas, manteniendo el espíritu y la estructura básica del cuerpo legal vigente. La segunda posición es abocarse a la misión de elaborar un nuevo Código que responda a nuestros tiempos, es decir, que trascienda el ‘Fin de la Historia’. Evidentemente nos inclinamos por la segunda” [24]

 

Por último afirma Bullard: “En una sociedad moderna como la que el Perú pretende ser, el Código Civil debe limitarse a regular las relaciones entre particulares y no filtrar dentro de su articulado a un Estado-policía, con capacidad de determinar el contenido de las relaciones privadas. Creemos que nuestro Código, con sus virtudes académicas puestas de relieve por diversos juristas, se quedó detrás del ‘Fin de la historia’. Necesitamos un Código para el comienzo de la nueva historia del país”.[25]

 

c.- Nihilismo. Pérdida de validez y legitimidad de los valores jurídicos supremos de la modernidad

 

Frente a este mundo lleno de truculentas y diversas prácticas y experiencias jurídicas, frente a la sospecha de que no habrá ya mayor orden posible -a la manera del racionalismo, donde todo, absolutamente tiene un orden determinado y absoluto-, pareciera que aparecerá, como virtud de la propia realidad un fenómeno cualitativo en la sociedad: el Nihilismo. Nihilismo es “que los valores supremos pierden validez”. Esto conjeturaría que todo lo sólido se va desvaneciendo en el aire.

 

La oscuridad en el devenir ha hecho asequible al pensamiento postmoderno como desencanto crítico, que pareciera ser el más real. Sin embargo, si todo es oscuro, entraríamos en un mundo no cognoscible nunca, y entonces, ¿sobre qué bases construiríamos nuestros destinos? No obstante hay en el hombre una aguda percepción de que las formas sociales y culturales tradicionales (y jurídicas) se están desintegrando, llevándonos al desencantamiento del mundo con sentido racionalista.

 

            El Nihilismo se presentaría como una forma de desenmascarar la vida política de nuestras sociedades, operaría como un espejo deformante de la política actual, como un instrumento que revela la trivialización del individuo en una vida política deformadora. Así el Nihilismo se retrataría como una condición humana en donde parece posible, pero a la vez nada parece valer la pena.

 

Visto desde la óptica histórica, el nihilismo sería todo un proceso evolutivo e inacabado, pero que se presenta como punto de inflexión para la creación de un nuevo tipo de pensamiento, porque hay claras evidencias que se están perdiendo los valores anteriores, tradicionales, y es que la aparición implacable de nuevos valores se va imponiendo. Este choque, o más bien, esta confluencia de valores antiguos y actuales, tradicionales y modernos, ha llevado al hombre a ubicarlo dentro de un proceso sin fin determinado, es decir: históricamente sin rumbo, que antes había sido ya definido (Dios, el Estado), y ahora se encontraba en completa desintegración.

 

El Nihilismo ha sido entendido, como simple negación total de todo conocimiento, de alcanzar la verdad. Pero además, desde otra óptica ha sido entendida como punto de partida para salir de todos los errores cognoscitivos, para iniciar una valoración de la realidad basada en los instintos vitales, denominada –según terminología nietzscheana-: la voluntad de poder. Esto arrastraría importantemente a una reaprehensión, reapreciación del mundo jurídico.

 

d.- Crisis de los paradigmas de la Modernidad Jurídica

 

“Cuando no se tienen ideales hay que conformarse con los hechos”

 

1) La Muerte de las ideologías en la Postmodernidad

 

“(...) la posmodernidad no es una ideología, en el sentido fuerte del término, porque no pretende construir a partir de una cierta visión del mundo sino que quiere reconstruir toda visión del mundo a fin de que los hombres asuman plenamente su libertad creadora y su responsabilidad de hacer un mundo como ellos quieran.”[26]

 

Hay otro rasgo singular y muy interesante, que aparece con la postmodernidad, o al menos que está implícito dentro del tema de la postmodernidad: la muerte de las ideologías. Parece, que este sintomático afán de homicida es un rasgo característico del pensamiento moderno, que se explicita por su condición crítica de todo el orden anterior.

 

El fundamento que usa la postmodernidad para negar la validez de las ideologías y anunciar su fenecimiento es la sustancia de la que ellas están nutridas y se ufanan: haber encontrado la verdad, que además es una verdad universal a la cual todos deben someterse. Esta aseveración de la existencia de la verdad, y la fijación del mundo a esa verdad tiene un mensaje, que más bien sería un dictado dogmático: la disolución de las diferencias. Y es justamente en defensa de las diferencias cómo aparece y se fortalece la postmodernidad. Por eso la postmodernidad niega y afirma la muerte de las ideologías,“en el plano conceptual, la postmodernidad rechaza toda ideología. En ese sentido, la posmodernidad está más cerca del anarquismo que de los socialismos... si no fuera porque el anarquismo también es una ideología. En principio, las ideologías pretenden haber encontrado una verdad universal a la cual todo el mundo debe someterse.  Las más terribles en nuestro siglo fueron la ideología nazi y la marxista, porque eran plenamente totalitarias [Se caracterizaba porque] no permite que nadie pueda ser diferente, pensar de manera distinta, bajo el pretexto de que el pensamiento oficial es el más racional. Sin embargo, el pensamiento liberal-capitalista también impuso –de una manera más subliminal, menos grotesca- una cierta ideología de la libertad, con su correspondiente tipo de hombre y sus actividades políticamente correctas.”[27]

 

Las ideologías, al ser el producto de una racionalidad cerrada, no permitirían el funcionamiento de un mundo con expectativas abiertas, por eso la postmodernidad no tolera a la razón, al menos no en su forma de carceleta o camisa de fuerza, que encierra al pensamiento y la actividad humana, al desarrollo de los intereses propios y la defensa de los mismos por parte de los individuos, así, “Teniendo en cuenta que las ideologías son producto de una racionalidad cerrada y en pie de guerra, la posmodernidad tiene un cierto horror de la razón, entendida como una envoltura indestructible y asfixiante que impone una verdad universal e incontestable por encima de nuestras pasiones y de nuestros intereses. Por eso prefiere concebir al hombre fundamentalmente como una pasión.”[28]

 

Dentro de estas ideologías, a las que se niega la postmodernidad, de las cuales reacciona ferozmente, por haberse declarado la panacea del mundo, está el marxismo, pero no ataca al marxismo en todo su contenido, sino a sus soluciones. “La postmodernidad no niega los análisis de Marx, sino sus soluciones.[29] La crítica al marxismo reside más en las promesas no cumplidas que en las injusticias denunciadas[30]

 

Además, el desengaño del capitalismo, por ser nada más que otra palabra divina que esconde debajo la sordidez de lo real, también ha sido manifestado por la postmodernidad.

 

Algo que ha marcado claramente la diferencia de la postmodernidad respecto a su posición crítica, es que –en el campo de la informática- demuestra que no se trata de una simple moda, o de una moda más; sino que se muestra crítico y escéptico sobre todo, por ejemplo no ignorará que la revolución informática traerá enormes nuevas posibilidades de renovación y mejoramiento humano, pero advierte, sin embargo, que duda de la posibilidad de los hombres de usar –la informática- para conseguir este bien común. A diferencia del pensamiento marxista, que no dudaban que la revolución industrial iba a ser utilizada para bien, lo que puede marcar claramente esa distancia entre el planteamiento moderno y el postmoderno[31]. El primero está seguro, el último “sospecha”. Por eso a la postmodernidad ha solido llamarse la teoría de la “sospecha”.

 

e.- Pluralismo como Episteme. Diversidad cultural y normativa

 

Esto significa que se ha reinvindicado la condición social de los hombres de ser plurales, frente a una concepción social localista. La cosmovisión postmoderna encara el problema de la diversidad cultural que existe en la sociedad. Lo que indica que existe multiculturalidad que refleja la verificación del “pluralismo jurídico: entendido como un reconocimiento legal de la multiculturalidad”[32]. Esto llevaría, al reconocimiento de nuestras tradiciones, a la reivindicación de las mismas; no obstante un peligro puede corroer las tentativas de afrontar esta multiculturalidad. Esa mal integración, asimilación, de lo multicultural haría ver que somos también parte de tradición y luego podría incluso confundirse lo original con lo foráneo. Lo original –según nuestra mentalidad premoderna- sería lo propio, lo que ha estado aquí, es decir nuestro pasado tradicional, indígena. Esta sería más bien una apreciación geográfica de nuestra descendencia. Digo geográfica porque damos por sentado que nuestros orígenes provienen precisamente del territorio en donde hemos nacido y estamos viviendo. El peligro es inminente, puesto que, por lo general, se olvida que nuestra condición de consistencia nacional, de reconocimiento como individuos pertenecientes a una cultura no proviene sólo de una realidad geográfica, sino más bien, y determinantemente de un proceso mental (cultural). Es decir hay que ver nuestra condición mental(cultural) que llevamos imbuidos, y no sólo nuestro arraigo geográfico. La descendencia no sólo se lleva en la sangre, sino en la mente. Además, hay que considerar que estamos jugando, viviendo, en el presente y no en el pasado de cara al futuro, “Por ello pienso que el pasado y la tradición tienen que ser proyectados hacia delante, no pueden servir de freno ni menos de impulsos para un retroceso frente a la modernidad sino que deben constituir más bien un estímulo para una superación de la modernidad en la postmodernidad enriquecida con nuestras divergencias y nuestras originalidades.”[33]

 

Comprobada determinantemente por la realidad la existencia de la multiculturalidad, de la diversidad de culturas, el pluralismo jurídico, según la postmodernidad debería imponerse, puesto que el mundo es más bien un crisol donde se han fundido diversas culturas, bien o mal integradas, pero en fin integradas. Algunas naciones han logrado dominar bien esas conexiones sociales, otras no, éstas últimas son las que constituirían el mundo multicultural.

 

Nuestro Perú se ha visto en ese proceso de mala integración; lo que ha dado como resultado la multiculturalidad, que en sí no es un mal, sino una reafirmación del resaltar el hombre su condición de “diferente”. Ha habido sin embargo, de acuerdo a la historia, intentos de integración de la sociedad, por ejemplo con el Imperio de los Incas, que lograron cierta consistencia no demasiado permanente y sólida, porque al venir los españoles desintegraron esa unificación, esa monopolización del orden social y de la homogenización de los hombres. En el Virreynato sucede que el Derecho Occidental, colabora en la formación de esa multiculturalidad, “Durante el Virreynato, aun cuando de hecho se va a producir una cierta integración a través del mestizaje, el Derecho occidental y la concepción social europea contribuyen –a veces con la mejor de las intenciones- a marcar las diferencias, redistribuyendo la diversidad cultural en formas antes no conocidas.”[34] Como bien lo advierte Jorge Basadre G. existió en ese tiempo una confluencia de repúblicas: la república de los españoles y la república de los indios; que quedan determinantemente marcados durante este período, por lo que se crea la diferencia y una jerarquización de la sociedad, donde la república de españoles pasan a tener superioridad sobre la república de indios, que estará sometida. Por otro lado, en el mismo ambiente y terreno, quedan marginados los mestizos, que al no ser exactamente indios ni españoles, fluctúan con una condición ambivalente social y culturalmente. Estos viendo la condición favorable para el sector de la república de españoles intentan ser de ese bando a toda costa, y lograr se les reconozca derechos inherentes a ese grupo[35], con lo que se va produciendo, en la historia, elementos para la existencia de la multiculturalidad.

 

Con la República parece terminarse la división entre república de españoles y república de indios, desde allí, los hombres deberían ser tratados como iguales. Sin embargo, esta es una falacia, puesto que en realidad los conceptos jerárquicos y de división de clases aún no se habían perdido, subsistían en el inconsciente colectivo, habían por lo tanto indios oprimidos y oprimidores. Por otro lado los mestizos, que habían ocupado el lugar de los españoles, quieren también tener las potestades que los españoles antaño había tenido. Además se producen inmigraciones de chinos italianos, alemanes, japoneses, que refuerza más las distancias y la pluriculturalidad, porque estos inmigrantes pretenden solapadamente constituirse en grupos nacionales.

 

Todo esto impidió que las sociedades pudieran integrarse y consolidarse efectivamente como una nación. Lo que sí existió y existe es un complejo tejido de culturas con características propias. Pero no están perfectamente diferenciados, nada es puro en estas tierras, todos han tomado cosas de los otros pueblos, es una mezcla, a veces confusa, y sin ser suficientemente perceptible, que hace a nuestro mundo pluricultural. No obstante todas las difenciaciones sólo las podemos hacer por abstracción.

 

Todo lo resumido, explicita el porqué es necesario la afirmación del pluralismo jurídico. Frente a una masa uniforme, mezclada, internamente receptora de muchos elementos culturales, no podemos tener un Derecho uniforme, porque la sociedad, nuestra sociedad no es uniforme, sino multiforme, múltiple, multicultural. El Pluriculturalismo Jurídico podría exponerse como “la afirmación de la diferencia”. Y esta afirmación se reivindicaría con el reconocimiento del orden jurídico.

*   *

La postmodernidad nace de la constatación de la imposibilidad del cambio histórico soñado, que nos llevaría al progreso, de que el ansiado “mañana será mejor” nunca llega, y entonces se produce un desengaño. No habrá mayor seguridad, desde la postmodernidad, que esa revolución moderna sea posible. Se ha constatado que al mundo no se puede interpretarlo bien y menos transformarlo. En esa perspectiva “todo cambio histórico radical que apunte a realizar más Justicia, más libertad y más humanidad, es un círculo cuadrado histórico. Justicia, libertad y humanidad, son palabras que no significan nada o, en todo caso, son realidades que el hombre sólo puede buscar por sí solo y para sí solo, y con cuentagotas.[36] A esta conclusión ha llegado la postmodernidad, en ese desencanto airado y cruel, pero necesario y real. Pero este planteamiento es necesario explicarlo ¿porqué la postmodernidad cree que el proyecto de la modernidad nunca se cumplirá?

 

f.- Anulación de los mitos de la modernidad jurídica.

 

Hay una experiencia que ha asimilado, duramente, la postmodernidad: la vida es sórdida e innegable. La modernidad sólo ha logrado engatusarnos con la dulzura de la felicidad a través de la razón, no ha hecho más que enmascarar la sordidez de la realidad con divinas palabras, con palabras envueltas en tranquilizantes racionales, convincentes, pero inexactos, y lo que es peor, ineficaces. Por eso “...la Postmodernidad es simplemente el intento honrado de quitarle a la realidad sus “divinas palabras”, sus “nombres de rosa”, encarando mas bien al hombre con la “insoportable levedad” de lo real.”[37] Y por eso, en la conciencia de eso, hay que aceptar nuestra realidad, no para resignarnos a ella, sino para asumirla desde una perspectiva más real, tal vez más sórdida y dolorosa, pero al fin, desmantelada de ese aire ficticio que imposibilitaba que nuestros actos concordaran con la realidad, que pisáramos tierra. Por eso el hombre en la postmodernidad se reencuentra consigo mismo, y sabe que no puede, ni tiene que apelar a nada ni a nadie, ni a Dios, ni al psiquiatra, ni a traumas infantiles, ni al confesor, ni a nada que lo coloque fuera de la vida. Lo que hay que hacer es vivir, sin esconder en palabras eufemistas, la realidad, y sin distraernos con palabras de salvación del hombre a través de grandes ficciones modernas, como el racionalismo absolutista. Por eso “La postmodernidad no ha sido sólo la destrucción de un mito, sino la destrucción de todos los mitos..(...) en esta vida no cabe ninguna gran palabra y, por eso, la Posmodernidad se desmarca incómodamente tanto de la izquierda como de la derecha...”[38] “En conclusión: no hay salida. Y como no hay salida, sólo queda la misma realidad de antes (y de siempre), pero con burla cínica en lugar de exaltación mítica. (...) existen en la tierra grandes supermercados repletos; pero el postmoderno se pasea a veces por ellos gritando: “¿quién me vende un poco de autenticidad?”.”[39]

            Esa autenticidad que deje las perversiones premodernas con que se asimila, se hace y utiliza el Derecho.

 

5.- Los fundamentos primarios de la postmodernidad jurídica

 

            Como vemos estos aún se van haciendo, sin embargo habremos de anotar algunos pocos, muy tímidamente.

 

a.- La Tolerancia como grado de compatibilización normativa

 

Ya desde John Locke podemos apreciar esta inquietud, que está impresa en un escrito denominado “Carta sobre la Tolerancia”. La Tolerancia sería ese respeto a las opiniones y “prácticas” ajenas, para lograr que los intereses individuales puedan llegar a cierto grado de compatibilización y  los individuos sujetos de derechos y obligaciones no se destruyan mutuamente. También se puede expresar como la diferencia que se consiente en la calidad o cantidad de lo convenido. En una sociedad que tendría como parámetros la voluntad de las individualidades, el marco por donde podrían surgir necesariamente debería de ser la tolerancia. Lo que supone, la afirmación y confirmación de la diferencia, y del proceso social como producto de esta diferencia. Es decir, que el slogan esbozado hoy es: “que no está mal ser diferente”, sino que es más bien un acto completamente natural, que existe o debe existir, realmente, como derecho. Pero hay que tener cuidado que el discurso de la diferencia no vaya a ser sólo una forma de consolidar el sometimiento de un grupo social dominante. Lo que se pretende es borrar esas imágenes de jerarquías sociales que han sido empotradas dentro de nuestra sociedad.

 

La tolerancia sale a relieve por ser la racionalización un método que pretendía alcanzar la verdad en forma dogmática e intolerante para con los otros medios de conocimiento. Sin embargo hay cierta incoherencia entre la razón y la realidad, incoherencia de contenido. Lo absoluto siempre dará una sensación de intolerancia.

 

La intolerancia del régimen antiguo, es decir de la cultura medieval, significaba que los individuos eran sólo medios para servir a los fines de una entidad superior llamado Dios, señor feudal, etc., de lo que puede resultar una sociedad dogmáticamente organizada e inflexible.

 

En una sociedad liberal, uno de los fundamentos principales es el respeto a las diferencias de todo tipo, que estén protegidas por la Constitución, como las diferencias de raza, etnicidad, religión, sexo, etc. Por lo demás, la base de una ciudadanía democrática es la igualdad política, y el Estado por sí sólo no la puede garantizar. Sólo los ciudadanos a través de la tolerancia mutua de sus diferencias y su respeto a la humanidad fundamental y al valor de la persona pueden generar una sociedad liberal en la que todos los ciudadanos sean respetados. Ningún valor es más importante para la democracia liberal que la tolerancia. Y ningún valor es más difícil de aprender y de mantener.[40]

 

Norberto Bobbio escribe, en un capítulo denominado Para la tolerancia, que “la tolerancia es explícita, consciente y utilitariamente, el resultado de un cálculo”[41], que consiste en el principio de la reciprocidad, es decir en la igualación de las fuerzas. Esto tiene como fundamento el problema de la convivencia, o la posibilidad  de coexistencia de unos individuos con otros, enmarcados dentro de una máxima: “si tu me toleras yo te tolero”.

 

b.- El Relativismo o la negación de verdades jurídicas transculturales

 

“La experiencia histórica es una evidente experiencia de cambio y de progreso jurídico. La existencia de unas reglas que sean, por su naturaleza, permanentes e inalterables, no pasa de ser un mito o una quimera, cuando no es, simplemente, una aspiración o un deseo de perpetuar un ‘statu quo’ determinado y concreto.

 

Lo anterior nos conduce sin duda al relativismo, pero el relativismo no debe asustarnos. Antes al contrario, no sólo es lo más conforme con nuestras propias experiencias vitales, sino también con el sentido mismo de la vida histórica como progreso y como perfección.” [42]

 

Mario Bunge expone este problema  de otra manera, y dice: “Una tesis de moda, y que se sigue del constructivismo[43], es el relativismo. Si todo cuando existe es construcción social o incluso es un texto, una construcción lingüística, entonces está claro que todo es relativo al sujeto que construye. O sea, no habría verdades completas y transculturales, que valgan tanto en Perú como en Islandia o el Japón.”[44] Y luego expone, como réplica a esta concepción, un fundamento matemático y dice: “Si el relativismo fuese verdadero, habría una matemática hindú, y otra musulmana; una matemática femenina y otra masculina, una matemática burguesa y otra proletaria y así sucesivamente. Obviamente, esto es falso. Si damos un vistazo a la geografía de la cultura, vemos que la ciencia es universal: carece de nacionalidad, sexo y clase social.”[45] Y con esto pareciera definir el problema, pero, haciendo caso del sentido epistemológico –éste último término para él significa crítica de la ciencia- que debemos tener ante la vida y los conceptos dados, hemos de observar que en Derecho las cosas no funcionan así, con explicaciones matemáticas. Pero, por cierto Bunge al hablar del relativismo, no se refiere al Derecho, sino a la ciencia, y esto queda probado en la última parte del discurso citado líneas arriba.

Sin embargo el Derecho, que para Bunge es enmarcado dentro de lo que él llamaría sociotécnica[46], tiene como fundamento de su existencia el orden social, es decir la relación organizada entre los hombres y mujeres de una determinada sociedad. Estas relaciones son múltiples, heterogéneas y singulares. Frente a esta dinámica al Derecho no le queda otra que desarrollarse dentro de ese concepto, que estipula la vida como un proceso en permanente dinamismo y que por lo mismo se hace relativo.

 

Algo que aclarar, no nos estamos refiriendo aquí a la teoría de la relatividad de Einstein, publicada en 1913, que era un concepto físico -que provocó un gran salto a los dogmas de la física newtoniana[47]-, sino a lo que llamamos concepto social de relatividad. El planteamiento de la sociedad se enfocaría desde un intento por encontrar la forma de establecer verdades en un mundo que propiciaba muchos puntos de vista diferentes, constantemente cambiante. En este aspecto la teoría de la relatividad puede considerarse como un prototipo postmodernista, en oposición a la simple teoría moderna, ya que era una respuesta a la experiencia desorientadora de la modernidad[48].

 

Desde otro aspecto, apreciamos que, por ejemplo, la edad moderna había sujetado sus principios vitales, es decir, por los que regía su vida a las conductas de los hombres, a la razón, donde se consideraba que todo tenía un lugar determinado, y no cabía lugar para vacíos, por lo tanto la sociedad, mediante el fundamento de que mediante la razón el mundo se hace perfecto y exacto, debería regirse también a la lógica de la razón. No obstante con la crítica que hicieron ciertos pensadores sobre la veracidad de los conocimientos, esta percepción de la vida, y la razón con ella comenzaron a tambalear, a mostrar signos de imperfección. Había nacido la sospecha como método, por obra de ciertos autores, “No cabe duda que Nietzsche, Marx y Freud inauguran una nueva era al introducir la sospecha como método; con la ayuda de instrumentos tales como la noción de poder, el interés económico subyacente y el inconsciente, se procedió a una cuidadosa demolición de los valores establecidos; aquello que se creía absoluto se redujo cuando menos a elementos históricos y relativos; y, en muchos casos, los pretendidos valores fueron desenmascarados, comprobándose que su aparente valor universal no era sino el disfraz bajo el cual se ocultaba un interés particular a veces contrario al valor pretendido.”

 

 
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